En las salas del Museo de Arte de la Universidad del Magdalena, la obra de Ángel Almendrales Viadero respira como si tuviera pulso propio
No es solo una exposición, es el recorrido de una vida entera dedicada a pintar desde adentro, desde la memoria, desde la piel.
A sus 70 años, el maestro celebra más de medio siglo de trabajo constante, disciplinado, silencioso y profundo.
Nacido en El Banco, Magdalena, en 1954, Almendrales ha construido una obra que se aleja de los clichés con los que muchas veces se intenta definir el Caribe.
En sus cuadros no hay postales fáciles, ni el folclor repetido del sombrero, el coco o el pescado. Lo suyo es otra cosa.
Es el sentimiento de un ser caribe que ha vivido su territorio, que lo ha caminado, que lo ha sufrido y lo ha amado.
Su pintura nace de la Depresión Momposina, de ese ecosistema anfibio donde el agua, la tierra y la vida se entrelazan.
Allí creció, allí trabajó desde joven, y a ese paisaje regresa una y otra vez, también desde la imaginación. Por eso, su obra está atravesada por la fantasía, la metáfora y una profunda carga poética.
Él mismo lo dice sin rodeos: se siente más poeta que pintor.
La exposición recoge piezas realizadas desde que tenía apenas 14 años hasta su producción más reciente.
Es, en sus palabras, un resumen de su vida como artista y como pensador del Caribe.
Aunque parte de su obra se encuentra en colecciones y espacios internacionales, aquí presenta su esencia, su mirada más íntima.
Al final, su mensaje es claro: no hay que tener miedo de ser quienes somos.
‘Aceptarse, sentirse caribe, y expresarlo a la manera de cada uno, también es una forma de trascender fronteras‘.
Crédito de fotografías de su redes sociales | “Todos los derechos reservados” – ‘Aquí contamos pequeñas historias, grandes realidades”
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