A sus 35 años, César David Navarro Altamar habla con la serenidad de quien ha aprendido a empezar de nuevo. Samario, criado en el barrio San Fernando
Hoy trabaja en la Universidad del Magdalena como entrenador funcional y es atleta de fisicoculturismo en la categoría Wheelchair, destinada a competidores en silla de ruedas
Su historia es una de esas pequeñas historias que revelan grandes realidades.
Su infancia, cuenta, fue feliz y activa, como la de muchos niños costeños antes de que la tecnología dominara el tiempo libre. Jugaba fútbol, se bañaba en el mar, iba a Taganga y pasaba horas en la calle con amigos.
A los 16 años empezó a trabajar en construcción con su padre, oficio duro bajo el sol inclemente de Santa Marta.
‘De ahí vienen mis bases físicas’, dice. Entre sacos de cemento y jornadas largas, forjó la disciplina que más tarde lo sostendría.
¡En noviembre de 2011, una bala perdida cambió su vida!.
La silla de ruedas llegó con dolor, depresión y años de encierro, no por vergüenza, sino por falta de condiciones adecuadas para movilizarse. Sin embargo, el deporte se convirtió en su camino de regreso.
Empezó a entrenar con la misma constancia que aprendió en las obras, primero de forma improvisada y luego de manera profesional.
Hoy tiene dos sillas de ruedas, viaja solo, trabaja, compite y promueve su proyecto de entrenamiento físico para personas con movilidad reducida, enfocado en la independencia.
Ha participado en el Arnold Schwarzenegger Classic Sudamérica, donde logró un top cinco, y durante años ha ocupado primeros lugares en carreras 5K y 10K en Santa Marta.
César lo resume con una frase que repite como bandera: ‘la discapacidad no es no poder, es aprender a hacer las cosas de una manera diferente’.
Y él, sin duda, lo demuestra cada día.
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