Mientras conduce un mototaxi para sostener a su familia y cursa sus estudios en la Universidad del Magdalena
Arlinton Jesús Perea de Aguas dedica su vida a formar niños, niñas y jóvenes en una comunidad rural donde el deporte se ha convertido en una herramienta de esperanza.
El Magdalena es un territorio profundamente rural.
Cerca del 95 % de su extensión está conformada por cabeceras municipales, centros poblados y zonas rurales dispersas. Allí permanecen cientos de historias que pocas veces encuentran un espacio para ser contadas.
El equipo de PA’ Contarte Noticias recorre permanentemente comunidades, corregimientos y pueblos del departamento.
En cada viaje aparecen relatos invisibles, personas que transforman sus territorios lejos de los reconocimientos publicos y que, pese a las dificultades, siguen creyendo que el cambio es posible.
Una de esas historias nace en Bálsamo, corregimiento del municipio de Concordia; una pequeña pueblo de 1.597 habitantes ubicada al noroccidente del Magdalena.
“Mi nombre es Arlinton Jesús Perea de Aguas. Tengo 43 años. Soy residente de Bálsamo. Me dedico al mototaxismo, estudio en la modalidad virtual de la Universidad del Magdalena y también apoyo las clases de educación física en el colegio Santa Cruz de Bálsamo”, dijo con orgullo.
Sin grandes recursos, pero con una enorme vocación de servicio, Arlinton creó La Escuela de Formación Deportiva Santa Cruz.
Una iniciativa que busca fortalecer las capacidades físicas, técnicas y cognitivas de los niños, niñas y jóvenes , al mismo tiempo que fomenta valores como el respeto, la disciplina, el trabajo en equipo y el amor por su comunidad.
Su sueño va mucho más allá del deporte.
“Mi gran reto es sacar adelante esta escuela para que no desaparezca. Quiero que fortalezca la confianza de los niños y jóvenes y que algún día sea recordada por todo lo bueno que le aportó a la comunidad”, afirma.
La vida en el Magdalena rural
La realidad, sin embargo, no ha sido sencilla.
Entre las jornadas como mototaxista, sus responsabilidades como estudiante universitario y el sostenimiento de su hogar, Arlinton enfrenta otro desafío: mantener viva una escuela que sobrevive casi exclusivamente gracias a su esfuerzo personal.
La falta de apoyo institucional, la escasez de infraestructura deportiva y las dificultades económicas de las familias rurales han reducido significativamente la participación de los niños.
“Comencé con cerca de 40 estudiantes y hoy solamente tengo alrededor de 12. No porque los muchachos no quieran asistir, sino porque muchos padres no cuentan con los recursos para pagar una mensualidad”, explica.
Aun así, se niega a abandonar el proyecto.
Su objetivo también incluye culminar su carrera profesional para aplicar nuevos conocimientos en beneficio de la escuela.
“Voy en cuarto semestre de la Universidad del Magdalena. Quiero terminar mis estudios para darle más dinamismo a este proceso con todo lo que aprendo“, dijo
Mucho más que deporte
La labor comunitaria de Arlinton no termina en una cancha deportiva.
Durante más de una década ha impulsado diferentes iniciativas sociales y culturales que buscan fortalecer el tejido social de Bálsamo.
Organizó grupos de rumbaterapia para adultos, promovió agrupaciones infantiles de música vallenata que hoy participan en festivales, llevó jornadas de cine comunitario, organizó actividades recreativas, se disfrazó de payaso para entregar dulces a los niños y ha trabajado desde la Junta de Acción Comunal impulsando proyectos para fortalecer la convivencia.
Perea de Aguas, expreso; “Gracias a Dios he podido llevar un poquito de ayuda a la comunidad. Hemos hecho actividades culturales, deportivas y sociales. He estado en muchos frentes porque creo que siempre hay algo que podemos hacer por los demás”
Para él, el verdadero éxito no se mide en campeonatos.
Se mide en cada niño que encuentra una oportunidad diferente para crecer.
El deporte como respuesta a la desigualdad
La historia de Arlinton también refleja la realidad de muchas zonas rurales del Magdalena.
Se estima que, de cada 100 habitantes del Magdalena, 18 a esta hora enfrentan simultáneamente múltiples privaciones que afectan su calidad de vida.
De acuerdo con las mediciones oficiales (DANE ) sobre pobreza multidimensional, miles de familias enfrentan carencias relacionadas con vivienda, acceso al agua potable y saneamiento básico, educación, empleo formal y protección social.
En medio de ese contexto, iniciativas comunitarias como La Escuela de Formación Deportiva Santa Cruz representan mucho más que un espacio para practicar deporte.
Son escenarios donde los niños encuentran acompañamiento, disciplina, amistad y alternativas para construir un proyecto de vida lejos de la violencia, el consumo de drogas o el abandono escolar.
Un sueño que transforma vidas
Después de más de seis años de trabajo comunitario y cuatro años de funcionamiento legal como escuela deportiva, Arlinton reconoce que continuar solo cada vez resulta más difícil.
“Falta apoyo institucional, económico y de infraestructura. Yo soy campesino. Tengo una hija estudiando en la universidad y todo se hace mucho más complicado. La mayor riqueza que tengo es el amor de mi familia y el respaldo que ellos me brindan “, sostuvo Arlinton Perea
A pesar de las dificultades, mantiene intacta la esperanza.
Su mayor anhelo es encontrar personas, empresas e instituciones que crean en el potencial de los niños rurales y se sumen a fortalecer este proceso comunitario.
Porque, al final, su trabajo no se mide por la cantidad de trofeos obtenidos.
Se mide por cada niño que descubre una nueva oportunidad gracias al deporte.
Y mientras exista un balón, una cancha y las ganas de seguir enseñando, Arlinton Jesús Perea de Aguas continuará demostrando que, desde un pequeño corregimiento del Magdalena, también es posible transformar vidas.
En PA’ Contarte Noticias seguimos recorriendo los caminos rurales del Magdalena para visibilizar las historias que pocos cuentan.
Si conoces líderes comunitarios, procesos sociales o iniciativas que estén cambiando la vida de sus comunidades, escríbenos. Porque las historias del territorio también merecen ser escuchadas y compartidas.
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