Las aguas cuentan historias. Algunas hablan de abundancia, mientras otras narran las dificultades que enfrentan quienes dependen de los ríos, caños y ciénagas para vivir.
En esta ocasión, PA’ Contarte recorrió la ruta fluvial desde Concordia hasta Suan, atravesando la ciénaga de Concordia, el caño de Cerro de San Antonio y, finalmente, el majestuoso río Magdalena, para conocer de cerca una realidad que preocupa a las comunidades rurales del departamento del Magdalena.
La travesía comenzó bajo una leve llovizna que refrescaba el ambiente.
Después de varios meses marcados por intensas temperaturas y escasas precipitaciones, las recientes lluvias han traído un alivio temporal a la región. Sin embargo, el paisaje observado durante el recorrido demuestra que la recuperación de los cuerpos de agua aún está lejos de alcanzarse.
A lo largo del caño de Cerro de San Antonio, la imagen es evidente. Grandes extensiones permanecen abonadas y secas. Donde normalmente debería fluir el agua, hoy predominan la arena, los sedimentos y la vegetación que ha ganado terreno debido a la disminución del nivel hídrico.
Mientras la embarcación conocida como ‘johnson’ avanza lentamente, los habitantes explican que, pese a las lluvias registradas en los últimos cuatro días, el caño continúa mostrando las consecuencias de una prolongada sequía.
En varios puntos, los pasajeros y ayudantes deben utilizar canaletes para empujar la embarcación, ya que el motor roza constantemente el fondo sedimentado.
Sin embargo, en medio de las dificultades también emerge la capacidad de adaptación de las comunidades rurales. A las orillas del caño se observan cultivos de maíz, yuca, plátano, mango y caña de azúcar.
Estas tierras, conocidas localmente como playas, se convierten en espacios productivos cuando las aguas retroceden.
Los campesinos destacan especialmente la calidad de la yuca cultivada en estas zonas húmedas.
A diferencia de otros sectores donde la falta de lluvia afecta las cosechas, en estas playas la tierra conserva humedad suficiente para producir una yuca más arinosa y de mejor calidad.
Asimismo, el maíz que crece a lo largo de las orillas abastece actividades tradicionales de la región y forma parte de la economía local de municipios como Concordia y el corregimiento de Bálsamo.
Cada cultivo representa una estrategia de supervivencia frente a los cambios climáticos que afectan al Caribe colombiano.
Otro aspecto que genera preocupación es la acumulación de residuos sólidos.
Durante el recorrido se observaron basuras atrapadas entre los sedimentos, una situación que contribuye al deterioro ambiental y al proceso de taponamiento de algunos sectores del caño.
Posteriormente, al llegar a la desembocadura, el contraste resulta impactante. Allí donde el caño termina y comienza el río Magdalena, la amplitud del paisaje deja en evidencia la reducción del caudal en zonas que históricamente permanecían cubiertas por agua.
Ya sobre el río grande de la Magdalena, la navegación se torna más fluida. La corriente permanece tranquila y permite continuar el trayecto hacia Suan, en el departamento del Atlántico.
Aun así, los navegantes experimentados reconocen que el comportamiento del río ha cambiado considerablemente en los últimos años debido a los fenómenos climáticos extremos.
Para los pescadores artesanales y transportadores fluviales, estas transformaciones representan un desafío permanente. La disminución de los niveles de agua afecta la movilidad, reduce algunas zonas de pesca y obliga a modificar rutas tradicionales utilizadas durante generaciones.
Este recorrido por el corazón del Magdalena confirma que la relación entre las comunidades y los cuerpos de agua sigue siendo profunda.
Los caños, ciénagas y el río Magdalena no solo conectan territorios; también sostienen economías familiares, tradiciones culturales y formas de vida que han definido durante siglos la identidad del Caribe colombiano.
Desde PA’ Contarte seguiremos recorriendo los territorios para visibilizar las historias de quienes habitan las riberas del río Magdalena, escuchar las voces de los campesinos y pescadores artesanales, y mostrar las realidades que viven las comunidades rurales del departamento del Magdalena.
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